20.3.10

Y ahí estaba de nuevo, las mismas facciones que en encuentros anteriores, aquellas que rogaba, no marcaran lo que vendría. Se marchaba de mi lado, era inevitable, nunca en mis 18 años de vida vi a una persona tan hermosa y perfecta en su caminar, pero no la volvería a ver, jamás. No se bien que ocurrió, pero se repite la historia, aquella que llena de angustia el alma y no deja latir al corazón, una sensación indescriptible de emociones no muy sanas y deseos inmensos de inundar Buenos Aires con mi llanto. Seguí mi camino, por el puerto, sin pensar hacia donde iba, ni que iba a hacer cuando pare, entre mi caminar lo miraba a lo lejos y, una vez más, no lo podía creer. Hoy te veo llegando a mi puerta, con tu sonrisa flameante, aquella que puede reanimar al ser más triste del planeta, la que es capaz de iluminar como un faro en la noche, mi noche. Cómo perdonar y dejar atrás ese sollozo que sentí al verte ir?, cómo perdonar al estupido inconsciente, que la noche anterior trajo a mi sueño, tan inútil, recurrente y nunca jamás vivido, suceso.