17.6.09

Querer del todo no es fácil, no. lo fácil es querer un poco, un momento, sin comprometer en ese amor mas que nuestro esplendor después de dos horas de peluquería, las cuatro o cinco primeras posturas de un vestido, las ganas de salir y deslumbrarnos con una mentira que nos empecinamos en creer, o con una verdad que reconocemos efímera, fugaz inservible después de la telaraña gris de la rutina.Pero querer del todo es difícil.Es querer los días impares y los pares también. Es querer con los pies entumecidos de frío o con toda la piel humedecida e hirviendo en el verano. Es querer cuando suena el despertador y el sueño no nos deja reaccionar. Querer con la boca pastosa, con dolor de estomago, con rabia, con cansancio, con poca plata, con ganas de ir al cine, con ganas de estar a quince mil kilómetros de distancia. Y muchas veces, también, querer con ganas de querer con ternura, con añoranzas, con alegría, con magia, con desesperación. El amor del todo tiene un juego de flujos y reflujos, como las mareas.No es constante y parejo, abrigado y seguro siempre.Tiene aristas que cortan, facetas hechas como de espejos deformantes, compartimientos en los que uno se asfixia.Y paraísos pequeños, ubicados en la ciudad de la compañía, igual que si fueran placitas.El amor del todo es un aprendizaje que lleva tiempo y al que se llega después de muchas rebeliones, después de muchas peleas con el otro y con una misma.

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