Hoy, caminando por la calle, me detuve en un semáforo y me di cuenta de algo, algo a lo que nunca
le había prestado atención.
Las
luces del semáforo son rojo, que indica lo prohibido, estas en problemas si
cruzas en ese instante; amarillo, que indica que tengas cuidado, que se va a
aproximar el instante en el que debes avanzar, en el que debes dar el siguiente
paso; verde, el cual te habilita a
pasar, te dice ‘dale, campeón! Avanza!’.
Fue lo
que llamó mi atención, las luces del semáforo, ellas representan lo que en
algún punto rige en nuestra vida, nuestra vida es un simple semáforo, con su
rojo, con su amarillo y con su verde. En
el momento de vivir nos arriesgamos a que el cambio de color se realice en
milésimas de segundos o en años.
Reflexionando
me di cuenta que en años no pude lograr ese cambio de color, siempre tan
temerosa me quedaba en el amarillo, raspando con el rojo. Me llevó tiempo descubrir
el pasaje al verde, me costó tiempo, miedo, bronca, lágrimas, indiferencia, prejuicios, temor, y muchas cosas
más, pero acá me ves, disfrutándolo.
Hoy el
destino me pone un nuevo desafío adelante, y el verde está en su máximo
esplendor, deseoso de durar una eternidad.
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