La Rosa única.
El principito tenía una rosa en la mano.
Ahora se da cuenta de que esa rosa, que era como todas las rosas, no es como todas las rosas. Por que esa rosa, en su mano, se acomodó a ella, su mano a esa rosa, y se pertenecen recíprocamente. Se domesticó. Luego el zorro dice la frase más famosa de El Principito:
“-Aquí- dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino es con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”
“-¿Y qué es esencial?”
“- El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante”.
La lección concluye con este gran final, que no es tan famoso como la frase antes citada y sin embargo constituye la cima de esta reflexión:
“-Los hombres han olvidado esta verdad-dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado, Eres el responsable de tu rosa...”
Tener un amigo es una responsabilidad.
Una relación es un lazo, es una dependencia.
Un amor es una responsabilidad.
No es ese chorro caliente de sentimiento que brota del alma. En todo caso, una efusión mística y cósmica del amor. Está dentro del lazo. El lazo es deferencia al otro: te quiero, por lo tanto tu vida cuenta para mí, soy responsable.
La libertad madura y produce el fruto de una elección. Elegir es responder por lo elegido.
Cuando libertad, elección y responsabilidad coinciden, se da eso que los poetas llaman FELICIDAD.
No se la busca, se la encuentra. Pero algo puede hacer para que sea más fácil encontrarla: Abrirse. Totalizarse. Entregarse a la sinestesia del ser otro que me hace ser yo.
Amar es hacerse responsable por el otro modificado por tu amor.
Eres responsable de tu rosa. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.
Domesticar no es dominar, es preformar, es modelar y modelarse, es con-vivir y es co-incidir.
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